Comienza con una respuesta automática del organismo conocida como reacción de “lucha o huida”, activada por emociones como la ansiedad, el miedo o la angustia.
En este estado, la respiración cambia de forma inmediata. El diafragma —el principal músculo respiratorio— deja de moverse con amplitud y eficacia. En lugar de una respiración profunda, el cuerpo adopta un patrón más superficial y rápido, similar al jadeo.
Este cambio no es casual: el organismo intenta compensar una sensación de falta de aire aumentando la frecuencia respiratoria, aunque en realidad esto empeora la calidad de la respiración.
La alteración química: hiperventilación y equilibrio ácido-base
Cuando respiramos de forma rápida y superficial durante un tiempo prolongado, se produce lo que se conoce como hiperventilación.
Este proceso no reduce el oxígeno (que suele mantenerse relativamente estable), sino que elimina en exceso el dióxido de carbono (CO₂). Como consecuencia, se altera el equilibrio ácido-base de la sangre, volviéndola más alcalina. Este fenómeno se denomina alcalosis respiratoria (más que metabólica, en este contexto).
El CO₂ es fundamental para mantener ese equilibrio, por lo que su descenso tiene múltiples efectos en el organismo.
Efectos sobre el calcio y el sistema muscular
La alcalosis respiratoria influye en la forma en que el calcio circula en la sangre. No necesariamente disminuye el calcio total, pero sí reduce el calcio ionizado (la forma activa que el cuerpo utiliza).
Esto puede provocar diversos síntomas:
- Calambres o espasmos musculares: debido a una mayor excitabilidad neuromuscular.
- Hormigueo o parestesias: especialmente en manos, pies o alrededor de la boca.
- Dolor de cabeza o mareo: relacionados tanto con la hiperventilación como con cambios en el flujo sanguíneo cerebral.
La importancia del ritmo y la pausa
Para revertir este proceso, es clave recuperar una respiración eficiente. Esto implica volver a activar el diafragma y adoptar un patrón respiratorio:
- lento
- profundo
- rítmico
- con pausas naturales
Al hacerlo, se favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, en el que juega un papel importante el nervio vago. Este sistema está asociado con la relajación, la recuperación y el equilibrio interno.
Como resultado, el cuerpo reduce la producción de hormonas del estrés (como la adrenalina y la noradrenalina) y facilita la liberación de sustancias relacionadas con el bienestar.

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